Esa convicción la acompañó cuando llegó a una comunidad rural donde muchos niños tenían dificultades para aprender a leer y escribir. Pronto descubrió que el problema no era la falta de capacidades, sino una barrera que durante años había pasado desapercibida: los estudiantes pensaban, sentían y se comunicaban en quechua, mientras la enseñanza se desarrollaba principalmente en castellano.
"Les hablé en quechua y todos me entendieron. Comprendí que ese era el camino: enseñar desde su lengua materna y fortalecer el orgullo por su cultura", recuerda.
Desde entonces, convirtió el quechua en una herramienta para aprender y crecer. Impulsó diversos proyectos educativos como el "Ñawinchasun" ("Vamos a leer"), en el que desarrolló metodologías lúdicas adaptadas a la realidad rural y promovió círculos de aprendizaje entre docentes. También ayudó a las familias a organizar pequeños espacios de estudio dentro de sus hogares, convencida de que la educación no termina cuando concluyen las clases.
EL VALOR DE HABLAR EN QUECHUA
Los resultados llegaron poco a poco. Los estudiantes empezaron a leer con mayor fluidez, fortalecieron su autoestima y recuperaron el orgullo por sus raíces "Mi mayor logro ha sido convencer a los padres y a la comunidad educativa sobre el valor de hablar en quechua y aprender desde su propia cultura", afirma.
Su trabajo trascendió las fronteras de su comunidad. Fue reconocida a nivel nacional en el Concurso Nacional de Buenas Prácticas Docentes y más adelante recibió las Palmas Magisteriales, la máxima distinción que otorga el Estado peruano a quienes han realizado contribuciones extraordinarias a la educación.
Sin embargo, para Miriam, el reconocimiento más valioso llega cada vez que ve a sus exalumnos continuar sus estudios, cumplir sus metas y sentirse orgullosos de sus raíces.
Actualmente, además de dirigir la institución educativa N.° 54117 de Sucaraylla, continúa desarrollando materiales educativos para fortalecer la lectura y escritura en quechua chanka. Entre ellos, destaca un cancionero y diversos cuadernos de trabajo que hoy sirven de apoyo para docentes y estudiantes.
En el Día del Maestro, Miriam prefiere hablar de oportunidades antes que de sacrificios.
"Hay mucho por hacer por nuestros niños, especialmente en las zonas rurales. Nosotros podemos ayudarlos a creer en sí mismos, a desarrollar sus talentos y a tener las mismas oportunidades que cualquier estudiante del país", señala.
Mientras los desafíos de la educación rural continúan, ella sigue recorriendo los caminos de Apurímac para llegar a su escuela. Porque para Miriam Cabezas Flores enseñar nunca ha sido solo una profesión. Ha sido, desde siempre, una forma de transformar vidas.
