El modelo contempla componentes fundamentales como el compromiso de la alta dirección, la implementación de políticas de integridad, la supervisión y monitoreo permanente, la gestión de riesgos, la existencia de canales de denuncia, así como procesos de comunicación y capacitación dirigidos al personal. Todo ello bajo la conducción de un responsable del modelo que articula su funcionamiento en la entidad.
En términos prácticos, esta herramienta permitirá fortalecer la cultura de integridad en la institución, mejorar la capacidad de respuesta frente a situaciones de riesgo y garantizar servicios públicos orientados a generar valor para la ciudadanía.
Desde la actual gestión municipal se ha enfatizado que la participación de todas las áreas es clave para su implementación efectiva. No se trata de una acción aislada, sino de un compromiso institucional que involucra a funcionarios, servidores y unidades orgánicas en su conjunto.