Las familias cuyas viviendas quedaron inhabitables fueron declaradas damnificadas y trasladadas a lugares seguros mientras continúan las labores de atención. Asimismo, las autoridades iniciaron las gestiones correspondientes para que los propietarios de las viviendas afectadas puedan acceder al apoyo humanitario y la asistencia necesaria para afrontar esta difícil situación.
Este evento evidencia que la temporada climática en la región Apurímac atraviesa una etapa cada vez más crítica. Además de las bajas temperaturas propias del friaje, los fuertes vientos vienen incrementando el riesgo para la población, afectando especialmente a las viviendas construidas con materiales rústicos en las zonas altoandinas, como ocurrió esta vez en la provincia de Aymaraes.
Pese a la magnitud de los daños materiales, las autoridades informaron que no se registraron personas heridas ni pérdidas humanas, lo que representa el aspecto más alentador de la emergencia. No obstante, exhortaron a la población a mantenerse alerta ante posibles nuevos eventos meteorológicos y a seguir las recomendaciones de Defensa Civil para prevenir mayores consecuencias.